Las Buenas cosas que el cristianismo nos ha dado

No deja  de  ser paradójico  que  un  país como  el nuestro  que  se considera cristiano, muchos de sus ciudadanos conozcan tan poco sobre los enormes beneficios que el cristianismo nos ha aportado, e incluso estén en contra de él. Quizá sería bueno comenzar este pequeño escrito definiendo qué es un cristiano: es una persona, sea hombre o mujer, que en algún momento de su vida se ha dado cuenta de que ésta no iba bien y se para, reflexiona y observa que está viviendo de espaldas a Dios. Se arrepiente, abre su corazón a Cristo y comienza a vivir una vida diferente basada en la santidad, el amor al Señor y al prójimo con una responsabilidad consecuente con su nueva fe. Una vez aclarado esto veamos un pequeño botón de muestra sobre el tema a tratar. El conocido historiador Cesar Vidal  en su libro, “el legado  del cristianismo en la cultura occidental”, dice lo siguiente:“Antes de cumplirse el primer cuarto de siglo de existencia del cristianismo, éste se había ya arraigado en Europa, e incluso contaba con comunidades cristianas en ciudades tan importantes como Atenas, Corinto, Éfeso, Colosas, Tesalónica y la misma capital, Roma. Desde luego su avance no podía atribuirse a la simpatía del imperio romano. El cristianismo no solo eliminaba todas las barreras étnicas en un mundo donde ser ciudadano romano era la ambición de muchos, sino que, además, desconfiaba del sistema imperial, daba una cabida extraordinaria a la mujer en su seno y se preocupaba por los débiles, los marginados, los abandonados, es decir, por aquellos por los que el imperio no tenía la más mínima preocupación.

     Frente a Roma aquellos auténticos cristianos predicaron a un Dios encarnado que había muerto en la cruz para la salvación de los hombres, permitiendo a éste alcanzar una vida nueva. En esta vida no había lugar para la discriminación que oprimía a las mujeres condenándolas a la muerte o a un matrimonio impuesto, el culto a la violencia que se manifestaba en los combate de gladiadores, la práctica de conductas inhumanas como el aborto o el infanticidio, la justificación de la infidelidad masculina y la deslealtad conyugal, la participación en la guerra, el abandono de los desamparados o la ausencia de esperanza.

     A lo largo de tres siglos, el imperio romano desencadenó sobre los cristianos distintas persecuciones que cada vez fueron más violentas y que no solo no lograron su objetivo de exterminar la nueva fe, sino que mostraron la incapacidad de conseguirlo. Al final el cristianismo se impuso no solo porque entregaba un amor que en absoluto podía nacer del seno del paganismo y la incredulidad, sino también porque proporcionaba un sentido a la vida y una dignidad incluso a aquellos a los que nadie estaba dispuesto a otorgar el más mínimo respeto.

     Fue en la primavera del año 30 d. C. en el llamado mes de Nisán por los judíos, que en la provincia romana de Judea se produjo un acontecimiento histórico y extraordinario. El cuerpo de un judío que había sido ejecutado en la cruz por orden directa del gobernador romano, Poncio Pilato, desapareció del sepulcro en que había sido depositado. El reo se llamaba Jesucristo, y aquel episodio tuvo unas repercusiones de extraordinaria relevancia entre sus seguidores. Asustados y amedrentados tan solo unos días antes, se lanzaron a partir de ese momento a predicar que su maestro no solo era el Mesías profetizado durante siglos en los escritos del Antiguo Testamento, sino que también había resucitado.

     Querido amigo, créeme, ser de Cristo, y por ende cristiano, es una maravillosa ventaja. Si tú no lo eres, anímate, y aprovecha esta oportunidad que Él te ofrece. Pon tu vida en las manos del Señor; no te arrepentirás.

 Si lo deseas puedes hacer esta oración:………………………………………………………………………………………………………………………….

Señor, gracias por amarme hasta el punto de dar tu vida por mí. Perdona mis pecados, restaura mi alma y dame tu salvación. Creo en Ti y te acepto por fe en mi corazón. Gracias por todo. Amén.

…………………………………………………………………………………..