La metamorfosis que la Palabra de Dios produce

Dice el Señor en el libro del profeta Isaías 55:10,11: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra…Así será mi Palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para lo que la envié”.

Estamos viviendo unos años extraños, en cuanto a lo que a meteorología se refiere. Son constantes las noticias hablándonos del cambio climático; pero aún así, todavía la lluvia y la nieve son fenómenos de la naturaleza con una misión que cumplir y que sigue siendo la misma que tuvieron en edades pasadas: la nieve  proteger las plantas de las heladas en invierno y una vez derretida en primavera, regar la tierra. La lluvia, tan ansiada a veces y que pudiera parecernos perdida si cae en un desierto, pero que con todo y con eso cumple el propósito de Dios. Ninguna de las dos vuelven al cielo vacías, es decir no en la misma forma, o sin alcanzar el fin deseado. Una increíble “metamorfosis” producen ambas. Hacen germinar las semillas, que los árboles produzcan fruto, que toda flor y hierba del campo crezcan… Nada de ello ocurriría sin el agua y la nieve.

No deja de sorprenderme la sencillez de Dios. Constantemente le veo usando ejemplos con cosas sencillas y prácticas de la naturaleza para hacernos comprender a los hombres las grandes lecciones espirituales que tal vez de otra manera no entenderíamos. El texto que nos ocupa habla de la Palabra de Dios. Él abre su boca para enseñarnos. Puede ser una palabra de consuelo, de ánimo, de exhortación e incluso de reprensión, pero podemos estar seguros que si estamos atentos y vigilantes en nuestros corazones para escucharla, traerá bendición y producirá el efecto y los cambios para lo que fue enviada. Es bueno  escuchar todo aquello que nos ayuda. Hemos aprendido a oír mucho y a  escuchar muy poco.

Urge  permitir que la Palabra de Dios nos hable. Dejar que su mensaje nos transforme. O escuchamos a Dios o pereceremos en nuestra propia “sordera espiritual”.

El Señor no ha dejado de comunicarse con nosotros, y lo sigue haciendo, comprometiéndose a que su Palabra traiga los cambios  necesarios en nuestras vidas. Cuando Él habla siempre ocurre algo.

Te animo a que escuches la voz del Señor. Déjate guiar por Él. Lee la Biblia y permite que su lectura te envuelva, te cautive y te transforme. Comprueba por ti mismo lo hermoso que resulta escucharle, lo grato que es obedecerle, y la enorme satisfacción que produce vivir la vida bajo su cuidado y protección.

Recuerda el texto del encabezamiento, siempre su Palabra lleva fruto, vuelve a  Dios llena, cumpliendo la misión para lo cual fue enviada.

– Estos tratados se pueden descargar libremente y de forma gratuita.-