El Manantial de la Felicidad

Cierto filósofo dijo: “Todo el mundo busca seguridad y felicidad”. Un multimillonario confesó: “Pensé que con dinero compraría la felicidad y he sido tristemente desilusionado”. Un hombre fue a ver a un psiquiatra y le dijo: “Doctor me siento solo, desalentado y miserable. ¿Puede usted ayudarme?”  El psiquiatra le sugirió que fuese al circo y viese a un famoso payaso de quien se decía que aun al más desalentado hacía reír a carcajadas. Su paciente respondió: “Yo soy ese payaso”.

Billy Graham en su conocido libro “el secreto de la felicidad” dice: “Nuestro mundo materialista se precipita en su eterna búsqueda del “manantial de la felicidad”. Cuanto más conocimiento adquirimos, menos sabiduría nos parece tener. Cuantas más seguridades económicas logramos, producimos más aburrimiento. Cuantos más ociosos placeres disfrutamos, menos satisfechos y contentos estamos con la vida. Nos parecemos a un mar revuelto, hallando un poco de paz aquí y un poco de placer allá, pero nada permanente y satisfactorio. ¡Y así sigue y sigue la búsqueda!

Si por felicidad entendemos paz, sosiego, descanso, gozo y contentamiento solo sé de un hombre que la disfrutó, Cristo. Él  no necesitaba de “cosas” ni circunstancias especiales para ser feliz. Había aprendido como serlo en esta vida y sin temor al futuro. Todo cuanto necesitaba su Padre se lo proveía. Su fe, esperanza, recursos y vida entera estaba puesta en las manos de su Padre. Dios era su refugio, su aliento, su motivación y su disfrute. En todas las circunstancias, y aun en su muerte, fue un hombre feliz.

Querido amigo, ¿buscas la felicidad sin encontrarla? Posiblemente estás buscando en el lugar equivocado. Es maravilloso saber que Cristo no solo era un hombre feliz, también desea que los seres humanos lo seamos. Él puede traer a tu vida la felicidad que anhelas. El Señor calma la sed del alma triste y sedienta que en Él se refugia. Ven a Cristo. Entrégale tu vida con corazón sincero y refréscate en el maravilloso “manantial de la felicidad”. Permite que Cristo y su Palabra te hagan ser un hombre o mujer feliz.

Dice el Señor: “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente que salte para vida eterna”.

  –San Juan 4:14-

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