Alguien te ama

Si existe una palabra que con  frecuencia los hombres  empleamos bastante y con frecuencia mal, es amor. Lo mismo se usa para expresar el cariño de unos padres por sus hijos que para referirnos a una relación de pareja ilícita e inmoral. Lo cierto es que somos muchos los que hacemos uso de ella, pocos los que la entienden y menos aún quienes la practican. El amor humano, en el fondo, tiene casi siempre la “marca” del egoísmo personal. Aun en sus mejores intenciones, tarde o temprano falla.

El auténtico amor es algo mucho más hermoso y profundo que un mero sentimiento con que a veces lo definimos. El auténtico amor se halla sólo en Dios. La primera carta del apóstol Juan, en el capítulo 4 versículo 16 enseña que Dios es amor y que éste forma parte de su naturaleza; no  sólo lo posee, sino que lo es. De Él brota el verdadero amor.

Querido amigo, considera que vivimos en un mundo egoísta y materialista, donde los hombres en su mayoría han dejado de preocuparse los unos por los otros. Cada cual mira por sus propios intereses. Se quiere hacer ver que los demás también nos preocupan, pero en realidad no es así, en el fondo del corazón humano lo que hay es una “leve apariencia de preocupación” y muy poca sinceridad. Este esquema de vida donde lo que impera es el egocentrismo humano, trae sufrimiento y desemboca en el fracaso.

Deseo que sepas que existe alguien que SÍ se preocupa por ti de forma personal y desinteresada: Dios, quien al entregar a su Hijo a la muerte te expresa su inmenso y auténtico amor.

Cristo desea ayudarte, fortalecerte, consolarte y conducirte a una vida de auténtica realización. Ocupas un lugar muy importante en su corazón. Para esto vino al mundo y murió en una cruz. Tú y yo deberíamos haber sido clavados en ella, pues nuestros pecados lo merecen; pero he aquí que entró en acción el AMOR Divino y donde nosotros deberíamos estar Él colocó a su propio Hijo.

El Señor pagó este alto precio para así poder comprar nuestras vidas y ayudarnos a vivirlas. Al hacerlo, donde antes había perdición, dolor e incertidumbre ahora puede haber salvación, gozo y paz. No dejes que el orgullo o la obstinación te impidan disfrutarlos.

Dios YA realizó la obra, pero para que sea real en ti, hay algo que debes hacer TÚ: has de abrirle el corazón y entregarte a Él con la fe sencilla de un niño.

     Si lo deseas puedes hacer esta oración:.

“Señor, gracias por amarme tanto y morir por mí en la cruz. Te acepto como mi Salvador. Tómame en tus manos y hazme tuyo/a para siempre”. Amén.

¡Qué el Señor te bendiga!