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servir a Cristo

Curso de 4 lecciones basadas en el evangelio de Juan.

 

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Introducción a los

66 libros de bíblia

Evangelio de Juan

Estudios Bíblicos

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¿Sabías que, según estudios realizados, en el trascurso de nuestra vida los occidentales habremos comido un promedio de ciento cincuenta vacas, dos mil cuatrocientos pollos, doscientos veinticinco corderos, veintiséis ovejas, trescientos diez cerdos, diez hectáreas de grano y veinte hectáreas de fruta y vegetales? ¡Esto es un montón de comida! No cabe duda de que nuestro cuerpo estará bien alimentado; pero… ¿qué ocurre con la alimentación del alma? ¿Te has hecho alguna vez esta pregunta? ¿Crees que existe dentro de tu ser otra parte, de características espirituales, que debería preocuparte? En los evangelios, el mismo Señor Jesucristo hace una declaración sorprendente sobre esto; dice así: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo y perdiere su alma?…” Mateo 16:26.

Perder el alma es algo trágico ¿De qué sirve tener un cuerpo bien alimentado si el alma  queda en un estado de “raquitismo” espiritual que acarrea la muerte? La muerte del alma no quiere decir que dejará de existir, esto es imposible pues es inmortal y eterna, significa que pasará la eternidad en un lugar llamado infierno y en un estado de sufrimiento constante e irreversible. Una vez que se entra es imposible salir; “…temed más bien a Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”, nos advierte el Señor en el evangelio de Mateo (10:28).

Querido amigo, éste es el motivo por el que Cristo vino a este mundo, convivió con el hombre y murió en el esplendor de su juventud en una horrible cruz para que nuestra alma no se perdiese, para que pudiésemos disfrutar aquí y ahora de paz interior y, sobre todo, de una eternidad en la presencia de Dios donde el gozo, la alegría y la paz son sus principales características. Cristo no vino a formar una religión, vino a buscarte a ti y a mí, a solucionar  el gravísimo problema  que el pecado había producido en nuestra relación con Dios. La Escritura declara, sin la menor duda, que todos los hombres somos pecadores y por causa de nuestro pecado estamos muertos, siendo nuestro destino final el infierno. La justicia de Dios nos declara culpables y nos condena a vivir para siempre sin Dios; pero…, créeme, vivir sin Dios aquí y en la eternidad es la peor de las muertes.

Es trágica la situación espiritual del ser humano, ¿verdad? Pero, ¡bendito sea el Señor!, hay solución, la única: aceptar por fe el inmenso amor de Dios en la persona de Jesucristo. Aceptar con humildad y constreñimiento que su muerte cruel sirvió para pagar tu deuda con Dios por tus pecados y darte vida. Cree en Jesús y serás salvo. Cristo es el alimento que nutrirá tu alma y el pasaporte para la eternidad con Dios. No rechaces la obra de amor que realizó por ti. Acéptalo en tu corazón.

 

 

Muchas personas han visto la película Ben-Hur, que como sabrás está basada en el libro del mismo nombre. Pero sabías ¿cuál fue el motivo por el que se escribió?

     Su autor, el general Lew Wallace, vivió en la época (siglo XIX) en que el conocido ateo R. G. Ingersoll negaba públicamente la existencia de Dios. Un día se encontraron ambos en un tren, y el ateo, después de burlarse del cristianismo, se volvió de repente a  Wallace para decirle: “Wallace, tú eres un hombre letrado y pensador, ¿porqué no juntas el material suficiente para escribir un libro y lo entregas al mundo dando pruebas de la falsedad de Jesucristo? Prueba que ese hombre nunca existió, y que no es el autor de las doctrinas del nuevo Testamento. Wallace atendió la sugerencia y empezó a buscar material para el libro con que debería probar la falsedad de la misma base del cristianismo. Tuvo que desplazarse a diferentes ciudades para consultar antiguos manuscritos y fuentes originales del período histórico en que Cristo vivió. Como resultado de esta búsqueda,  Wallace sacó tres conclusiones:

1ª.- Jesucristo era una figura histórica real.

2ª.- Jesucristo era el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.

3ª.- Jesucristo era la respuesta a las necesidades de su propia    vida.      

      A causa de este descubrimiento, el versado general, a los cincuenta años de edad, cayó sobre sus rodillas implorando el perdón divino y pidiendo ser transformado en un verdadero discípulo de Aquel que hasta entonces, no había sido para él sino un personaje de leyenda. Dios oyó su oración y lo convirtió en un verdadero cristiano. Cuando se incorporó , fue para llevar una nueva vida, una vida entregada a Dios, y en lugar de escribir un libro en contra de Cristo, escribió la famosa novela BEN-HUR para probar que Jesús de Nazaret existió y que indiscutiblemente era quien dijo ser: el Salvador del mundo, que cargó sobre sí los pecados de todos los hombres para que  cuantos crean en Él y le reciban en sus vidas obtengan  salvación eterna.

     La historia de Wallace nos muestra lo sencillo que es equivocarse en materia de religión. ¡Cuán fácilmente edificamos nuestras creencias, y aun nuestras propias vidas, sobre opiniones y comentarios sin fundamento, en vez de examinar de cerca los hechos!

     Los que hemos escrito este artículo, como el general Wallace hemos descubierto que Jesucristo es una persona real y que la Biblia es a todas luces cierta. El poder que mana del Calvario ha transformado miles de vidas a través de las edades, y las nuestras propias.

     Deseamos invitarte a que hagas lo mismo que hizo este hombre, sin importar la edad que tengas o que seas hombre o mujer: entregar tu vida a Cristo.

     

Si lo deseas puedes hacer esta oración:

“Señor, gracias por amarme hasta el punto de dar tu vida en la cruz    por mí. Perdona mis pecados, restaura mi alma y dame tu salvación. Creo en ti y te acepto por fe en mi corazón. Gracias por todo. Amén”.

          

 

 

 

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Nosotros

-QUIÉNES SOMOS-

Somos un grupo de cristianos que hemos creído y aceptado en el corazón, libremente, que Cristo murió en la cruz por nuestros pecados y que un día estaremos con Él en los cielos para disfrutar de su presencia y servirle eternamente; y que mientras estemos en esta tierra debemos de anunciar a los hombres el mensaje del evangelio y vivir tal y como Dios desea, en obediencia y santidad.

Nuestra autoridad es Las Santas Escrituras y el poder del Espíritu Santo que recibimos cuando nos entregamos al Señor. Nos reunimos para la adoración,  oración y  estudio de La Palabra y no pertenecemos a ninguna religión, secta o denominación deseando vivir la sencillez, naturalidad y hermosura del evangelio.

Amamos a las almas y deseamos llevar a muchas de ellas a los pies de Cristo,  creyendo firmemente que el evangelio de la gracia es la solución para tanto vacío y sufrimiento como hay en los corazones de los hombres, estando convencidos que Cristo es la solución para sus vidas, sus hogares y sus familias.

 

que creemos

-Creemos en Dios, Padre todopoderoso. En Cristo,  su  único Hijo,  igualmente Dios, y también hombre nacido de la virgen María, pero concebido por obra y poder del Espíritu Santo que murió en una cruz y resucitó con poder al tercer día para poder librar del infierno a todo aquel que por fe se acerque a Él y le rinda su voluntad creyendo el precioso mensaje de salvación.

-Creemos en el Espíritu Santo, igualmente Dios, que con el Padre y el Hijo forman la preciosa Trinidad: “un sólo Dios verdadero pero tres personas distintas  iguales en Divinidad”.

-Creemos en el bautismo por inmersión, no como medio de salvación sino como símbolo o expresión de haber creído en Cristo y de compromiso para vivir la vida cristiana tal y como Dios desea.

-Creemos que tanto el hombre como la mujer son pecadores y no hay nada que puedan aportar para conseguir su redención, salvo confiar en la gracia de Dios y poner  fe en la persona y obra de Cristo.

-Creemos en el cielo como un lugar espiritual de gozo, disfrute y servicio donde van todos los redimidos; y en el infierno, lugar de sufrimiento eterno para aquellos que rechazan la salvación que el Señor les ofrece.

-Creemos que la única autoridad para vivir la vida cristiana es La Biblia, colección de 66 libros, plena y verbalmente, inspirados por Dios.

-Creemos en la regeneración realizada por el Espíritu Santo en     los hombres y mujeres que se arrepienten y voluntariamente entregan su vida al Señor, así como que son sellados por Él y que hace su morada dentro del creyente.

-Creemos en la iglesia celestial, formada por todos aquellos que han rendido sus vidas a Cristo y que actualmente se encuentran en el cielo esperando el día del Señor. La iglesia universal, constituida por todos los creyentes en todo el mundo y la iglesia local como manifestación de ésta en una localidad o zona en concreto para comunión, servicio a Dios y a los hombres.

-Creemos en un consejo de ancianos, llamados también pastores u obispos, siempre varones y en plural, como forma de gobierno de cada iglesia local.

-Creemos que Cristo vendrá otra vez y los muertos, tanto creyentes como no creyentes resucitarán, unos para gloria y salvación y otros para destrucción y condenación.

-Creemos que estos cielos y tierra serán destruidos por Dios, así como que  un nuevo cielo y una nueva tierra serán creados para morada del Señor y los suyos por toda la eternidad.

 

 

 

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